MaRioSe. Compartiendo Sueños |
![]() No soy de una manera determinada, a veces lluvia, a veces sol, otras tormenta o calma esperada. Leona o gata, madre, mujer o niña. A veces yo. Curiosa, dubitativa, buscadora de no se qué. Inquieta, nerviosa o tranquila y silenciosa. Soy sentimiento, fuego, nunca hielo, aunque deje que lo parezca. Lo mismo me acerco, que me alejo. A veces... yo.
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El problema no fue hallarte, El problema no es problema, El problema no es que juegues, Si me quedé queriendo solo, Y cómo deshacerme de ti, Cómo encontrarle una pestaña Y cómo deshacerme de ti, Y es que el problema no es cambiarte, El problema no es que duela, El problema no es lo que haces, Y cómo deshacerme de ti, Cómo encontrarle una pestaña Y cómo deshacerme de ti, El problema no fue hallarte, El problema no es cambiarte, El problema no es que juegues, (Ricardo Arjona) “Estábamos en 1984, teníamos veinte años, el mundo todavía caminaba hacia delante, Madrid era el mundo y yo estaba en medio, dispuesta a tragármelo sin tomarme la molestia de masticar antes cada bocado. Diez años después, habría sido igual de imposible. Pero estábamos en 1984 y teníamos veinte años, Madrid tenía veinte años. España tenía veinte años y todo estaba en su sitio, un pasado oscuro, un presente luminoso, y la flecha que señalaba en la dirección correcta hacia lo que entonces creíamos que sería el futuro. Aquél fue nuestro riesgo, y nuestro privilegio” (Almudena Grandes) Me lo leí. El día de la constitución y yo “masticando” castillos de cartón. Cada uno lo celebra como quiere y yo no he salido a la puerta de la calle, sólo para sentarme en el porche, recibiendo los sutiles rayos de Sol y luego adentrándome en mi hogar al calor del brasero. Hoy no puse la chimenea. Los troncos están mojados fuera y quedan pocos. Tendré que comprar más. Quiero una navidad con su fuego, con el fuego del hogar. Aunque no queden troncos. Pero se buscan. Es lo de menos. El árbol, es lo de menos. Pondré el del año pasado, quizás lo saque pasado mañana, cuando de nuevo sea día de fiesta. Me encantan los días de fiesta. No tengo que ir a trabajar, pero me gustan así, de vez en cuando, para ansiarlos, para esperarlos, que no sea cotidiano, que sea una fiesta. Aunque no salgamos, pero estamos bien, porque nos encontramos. Sin maquillar, en chándal(o en buzo como dirían en Chile) solitos… Y es todo un placer. Hoy sí. Venía pensando que, cómo es esto de los blogs, que se te meten tan adentro, formando parte de nuestro día a día, nuestro refugio, como el calor de la chimenea que comentaba ayer. Un charlar con los vecinos, vosotros, los que calladamente, leen y los que participan invitándonos a la vez, a su hogar blogero. Monocamy con su desparpajo y su incredulidad entrañable, que nos tiene acostumbrados, me decía algo así, como que yo llenaría páginas pidiendo regalos para esta Navidad. Y un comentario tan aparentemente inocente, inocuo, me hizo darme cuenta que no pedí nada. Nada quiero o quizás demasiado. No pensé en regalos materiales. En serio. Cada vez le doy menos importancia, las necesito menos. Tampoco compré nada aún, para los míos, mis sobrinos, familia, etc… y no es que sea tacaña ( Pero el mayor regalo que podemos desear, el mejor presente, está aún en su envoltorio, casi a punto de nacer. No se llamará Jesús, pero si Dios quiere (y lo digo como lo siento, emocionada, desde muy dentro) sus padres le pondrán de nombre: Pedro. Nuestro Pedrito. Aquí todos le estamos esperando. Esperando la llamada de su mami, comunicándonos que llegó la hora de ir al hospital. Espero que no sea tan “Picapiedra” como su padre y que venga sano. Nada más y nada menos y que la llegada de un bebé nos haga mejores, nos una, les una y nos demos cuenta, de lo que realmente importa. En mi carta de reyes pediré salud, para todos. De lo demás nos tendremos que encargar nosotros. Supongo, intuyo, veo venir, según las circunstancias… que el año que viene, será difícil ( No me hace mucha ilusión esta navidad. Hasta incluso, cerraría los ojos y la dejaría pasar. Pero vendrán otras, que me haga pensar, que desperdicié momentos irrepetibles y eso hace que recapacite e intente tomármela de forma diferente. Al menos intentarlo. Quiero risas, quiero calor… Eso quiero. No cuestan dinero, pero hay que poner de nuestra parte, sembrar simientes, para luego recoger los mejores regalos, de la navidad diaria. Y tú... ¿Qué pides? ¿Cómo será tu navidad? No me refiero, que pidamos la paz en el mundo, que no haya guerras y que desaparezca las penurias, el hambre… Eso, en el fondo, creo que todos los queremos, en mayor o menor medida. Me refiero más personalmente ¿En qué gastarás la paga? ¿Qué harás? ¿A dónde irás en esos días de descanso? ¿Te hace ilusión estos días o al contrario, no significan nada o los aborreces?... Todo me parece tan surrealista, Soy muy sensible con los olores. Siempre lo fui. Dicen que las personas que padecen de jaquecas, perciben más los olores. Quizás porque nos molesta más el olor cuando el dolor parece que aplasta las sienes. Pero esa sensibilidad también puede ser positiva, sensual, animal... Me gusta olerlo, olerme, percibir los olores, reconocerlos, recordarlos… lo hago de forma automática, natural, sin apenas darme cuenta. Es ahora que lo estoy pensando, que me llama la atención que al hablarlo con otras personas, les ocurra igual. La memoria del olfato. Para bien o para mal. Hay un perfume es especial, que reconozco que me excita, que a veces, como ahora mismo, lo rocié levemente por la muñeca de mi mano derecha y de vez en cuando me acerco a olerlo… Es Eau de Toilette de Fahrenheit de Christian Dior es amaderada, floral ( ¿Hay algo más que hace que nos perfumemos? ¿Por qué son capaces de hacer que la persona que lo lleve puesto, nos agrade o por el contrario, nos cause rechazo? ¿Queremos disfrazar nuestro propios olores o por el contrario es un reclamo hacía los demás o un punto de distinción, que como siempre, de una u otra manera sale a relucir nuestros egos? ¡Ummmmm! ¡Cómo huele! Me despierto con unas inmensas ganas de hacer pipí. Algo muy normalito que sirve para inaugurar la mañana (Por lo menos a mí me sirve, otros inauguran con champán otras cosas, pues yo... ejem!). Me voy a sentar, en donde hay que sentarse para estos menesteres y me acuerdo justo cuando iba a abrir mi “grifo”, que tenía que hacerlo en el bote para entregarlo en el laboratorio... (¡Uy! Por poco). Así que meto el bote en el coche en el reposavasos, (bendito invento) pero me doy cuenta que es más pequeño que un vaso, así que me las ingenio rellenando el espacio con servilletas. (¡Uy qué calor, me está entrando!). Entro de nuevo en casa por más servilletas, aprovecho para lavarme las manitas, (a este paso el bote va a llegar medio vacío, ya verás). Y nada, yo de paseo con mi pipí hasta el hospital. El conductor de una furgoneta se me queda mirando (al bote y a mí, alternativamente) divertido ¡Será Jili…! Qué pasa titi, tu no meas o qué, que el mío es tan especial que hasta lo tienen que investigar ¡no te jode!. Aparco, en donde no se debe, total no voy a tardar tanto y aparcamientos brillan por su ausencia y me encamino al laboratorio con mi mano en alto orgullosamente cortada. ¡Hay que ver como mira la gente!... y eso que lo he escondido con una bolsa, pero se intuye lo que llevo dentro, supongo, sobre todo porque trato de mantener la mano alejada por si... salpica el líquido, que minutos antes estaba en mi vejiga. Me paseo por todo el hospital, subo, bajo, me pierdo, vuelvo a bajar me meto en la cafetería equivocada, vuelvo a salir y me voy a la ventanilla que tenía que haber preguntado en un principio, en vez de perder mi tiempo y el muchacho, al verme sin casi yo preguntar, me dice: ¿Qué vas al laboratorio? ( ¿En qué lo habrá notado?), Pues baja esa rampa, sal del hospital, sigue la calle de enfrente y ya lo verás. (Me encanta que me hablen de tú, buena señal, si empiezan con usted por aquí, usted por allí, me deprime un huevo). Me siento y no sé dónde poner el bote, así que no lo pongo en ningún sitio, se me sienta una mujer mayor a mi lado, no deja de mirar mi bote y pienso: ¿Olerá? Yo preocupadísima y a eso que entra otra señora de la calle, con su bote en una bolsa transparente, toda orgullosa ella, más chula que un ocho. Así que me relajo, me quedo con una mano en alto, con la otra saco un libro del bolso y otro problema se añade: ¿Cómo carajos paso las páginas? Mientras, me sitúo por dónde me quedé, me leo lo que ya me leí la semana pasada, lo de hace dos días, ayer y... Me toca ¿dónde se ha ido la gente? Mi turno. Entro, me atiende una chica muy mona, muy joven, en zapatillas y vaqueros, me pide el brazo, no se lo doy, me lo vuelve a pedir, la miro como preguntando: No me harás daño ¿no?, Me empieza a engañar hablándome del tiempo tan frío que está haciendo estos días y veo que se aleja de mi brazo; cuando me creía que todavía no había comenzado. Me oigo decir: ¿Ya? y Bueno, como ya ha pasado todo (no me refiero a la Navidad, aunque puede que ella me regalara, el mejor de todos los regalos: la vida) La noche fue larga. Desde que me acosté me empezó a doler la cabeza. Pensé: me acuesto y paso de pastillas, que quizás sea sólo el cansancio de tantas fiestas. A eso de las tres de la madrugada, oigo como mi amorcito se levanta, al baño. Cosa extraña, no suele hacerlo por la noche. Pero el dolor de cabeza, no me deja ni preguntarle, si se encuentra bien. En efectivo, se encontraba mal. Llegó a la cama casi a gatas, muy mareado. Pero no me dijo nada, yo no me di cuenta y seguimos durmiendo. Qué dolor de cabeza, más irresistible, de esos que parecen que no puedes sentir más dolor. Tenía ganas de levantarme, vomitar, lavarme la cara para refrescarme con agua fría, pero debí de dormirme hasta las cinco aproximadamente. El dolor hace que se me descomponga el cuerpo, me siento fatal, no puedo resistirlo, pero no puedo ni moverme para pedir ayuda. Trato de levantarme, (en nuestro dormitorio, tenemos un baño) me incorporo como puedo, el corazón bombea con mucha fuerza, siento las palpitaciones en las sienes y… no recuerdo más.(Había perdido el conocimiento) Lo que pasó en unos diez minutos aprox. me lo contó mi marido. Oyó un fuerte golpe. En un principio, creyó que por la oscuridad, yo me había tropezado con algún mueble, pero… dice que me escuchó como un vago gemido, extraño, lamentándome, se incorporó rápidamente, (supongo que esto le hizo marearse) cuando me vio en el suelo, con los ojos muy abiertos, casi vueltos, con una herida en mi labio sangrando, como pudo intentó arrastrarme, para incorporarme, pero casi se desmaya allí conmigo, también. No recordaba nada, cuando volví en mí, pero la cabeza me dolía algo menos. Era muy extraño que él estuviera en un estado parecido al mío. Algo estaba pasándonos. Bajamos como pudimos, por una pastilla, a la cocina, en el salón estaba mi pequeño, en vez de estar en su dormitorio, estaba en el sillón, le pregunté que qué hacía allí y me dijo que le dolía mucho la cabeza… No teníamos fuerza ninguna. Parecíamos zombis los tres. Llamé a voces a mi otro hijo y después de un rato, bajó muy extrañado. Pero a él, quizás por tener su puerta del dormitorio cerrada o a ver venido de madrugada, no sentía ningún síntoma parecido a los nuestros. Nos sentíamos muy flojos, debiles. El pequeño empezó a vomitar, mi marido abrió las ventanas, cerró las bombonas (las tengo por fuera, en la calle, pero eso no quita que haya un escape, aunque ni se huela) nos dio una pastilla para el dolor y nos quedamos acostados muy agotados en el sillón. Quería llamar a mis padres, pero el teléfono quedaba muy lejos y me daba cosa asustarlos. A eso de las siete llamé a mi padre, que vino con mi madre (muy nerviosa, la pobre) nos tomó la tensión y se quedaron a cuidarnos. Suerte de que vivan en la misma parcela. Vinieron en bata, en dos minutos, pero muy asustados, pobrecitos míos. Conforme iba pasando el tiempo, nos íbamos sintiendo mejor. Llamé al médico de urgencias, le expliqué lo sucedido y él me lo confirmó: Intoxicación por gas de monóxido de carbono (CO). Tuvimos mucha suerte. Es mortal el 30%. El cuerpo no responde, no tienes fuerzas para incorporarte, es como si todo te diera igual (aunque no te de, pero no puedes hacer nada y no te das casi cuenta, porque tu cuerpo no lucha) Te falta oxigeno en la sangre. Si ocurre rápidamente beber agua, abrir ventanas, que todo se ventile, si podéis salir a una ventana, calle, etc. Es la segunda vez que nos ocurre (Quizás la tercera, aunque sólo tuve los síntomas yo, con muchas palpitaciones, dolor de cabeza, etc.). Esta vez ha sido peor que ninguna. Un buen aviso. Mañana vendrá el fontanero a investigar la fuga. " En ese instante que te vi allí tirada, me di cuenta de lo muchísimo que te quiero, mi niña y cuando al fin reaccionaste le di gracias al cielo, a la vida, a la suerte"… |