MARTES DE LUNES
Martes de lunes. Martes marciano, martes de infarto, martes resacoso, martes, sólo martes.
Incorporación de las vacaciones de parte de la plantilla. La otra parte inaugura sus vacaciones oficiales. Cuatro gatos maullando y los clientes con prisa. Todos quieren el pedido para ayer.
Ayer, ayer a estas horas estaba en la piscina, comiendo sardinas y langostinos en la barbacoa. Hoy no me peso, queda totalmente prohibido, hasta el viernes no pienso hacerlo. No, que me recordará la cerveza que me tomé, la morcilla del pueblo, las chuletas de cordero, el arroz de marisco... Mi barriga me lo hecha en cara, de nada sirvió los veinte largos que me hice en la piscina, ni que no estuve quieta ni un momento cumpliendo con mi papel de anfitriona.
Eso me pasa por llamar
toda la culpa la tiene mi móvil y que soy una bocazas invitando a la familia política mía a pasar el día de barbacoa y mi hermana invitó a la suya
familias que viene con las manos vacías, pero con hambre, con mucha hambre, la madre que los parió
Vinieron unos veinte, más nosotros, los que vivimos allí, que somos diez: treinta. Treinta boquitas comiendo, cantando, bailando, riendo, charlando
pero que disfrutamos como niños, todos.
Mi niño (mi hijo pequeño) se apoderó de la guitarra de mi cuñado. Cuñado que está aprendiendo a tocarla por correspondencia y con guasa nos comunica: Ya voy por la cara B. Se le nota el progreso y más si se tiene en cuenta que le falta una cuerda (a la guitarra me refiero)
como decía, mi nene se puso a aporrearla (para qué decir otra cosa) haciendo de showman, de animador, contando chascarrillos (chistes) con toda esa gracia que tiene, iba inventando chistes al paso, letras de canciones, poniendo cara de chino cuando nos hacía creer que lo que entonaba era un fandango o me acompañaba a la guitarra cuando bailaba una rumba y al terminar pasaba el platillo, pero que hasta que no aflojaban el bolsillo no los dejaba en paz. Así que les consiguió con su carita de pena, por toda la cara, el dinero suficiente, como para llenar el depósito de su coche de gasolina
¿a quién le habrá salido, el niño éste?
A las siete cuando entré, ya había dos traileres esperando en la puerta a ser descargados. Una cosa tras otra, me digo, pero el teléfono me requiere a cada instante. El de la oficina lo tengo desviado a mi móvil.
Así que sigue reclamándome mientras desayuno un café rápido que cuando pude tomármelo, ya estaba frío. En la cafetería me miran, cómo no iban a hacerlo, si el grillo del móvil canta de seguido y tengo que salirme a la calle para atenderlo mejor. En la barra me observan, los hombres vuelven su vista, hablan entre ellos, soy su distracción. Le digo al camarero: Pon la tele hombre, que ya me voy y se te van aburrir el personal.
Y pensar que anoche eran las doce de la noche y aún estábamos metidos en el agua. Una de mis hermanas haciendo las funciones de monitora de gimnasia acuática y - too kiskis - haciendo el ganso (ahora deduzco a quién salió mi hijo) así estoy hoy, que tengo los ojos como chupes, la piel como un pimiento, el estomago revuelto y un solo pensamiento destacable: Ya queda menos para irme
Ahora ya estoy en casa, escribo esto, me ducho y en menos de una hora, mi otra hermana vendrá con su bici para que demos una vuelta a ver si se nos baja algo de todo lo que nos metimos estos tres días pasados, que no hemos dejado de jalar y el próximo fin de semana vamos de boda y el vestido dice que conmigo no viene si intuye que lo voy a estallar. Así que me voy a sudar la camiseta, con la bici un rato, que si tengo ganas que me maten, pero cualquiera le dice a la niña que no, que me dice que si prefiero el blog a su compañía y que soy una rajada y tal y tal...