MaRioSe. Compartiendo Sueños



No soy de una manera determinada, a veces lluvia, a veces sol, otras tormenta o calma esperada. Leona o gata, madre, mujer o niña. A veces yo. Curiosa, dubitativa, buscadora de no se qué. Inquieta, nerviosa o tranquila y silenciosa. Soy sentimiento, fuego, nunca hielo, aunque deje que lo parezca. Lo mismo me acerco, que me alejo. A veces... yo.

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08/02/2006

LLEGADA INESPERADA

20060208203919-maquillaje-ojos2-.jpg

Con mi rostro reflejándose  en el espejo,  intentaba verme más allá de lo que acostumbraba hacer. De forma mecánica, me maquillaba como si se tratara de un simple ritual diario. Vestía mi cara con maquillaje como si me calzara los tacones o el cinturón de mi pantalón. Un paso más hacía el mundo exterior. Lista para lo que hiciera falta, pero con  la árida sensación en mi estomago de arrojarme desde  de un paracaídas.

Mientras mis pestañas se acercaban  al pincel de rímel, para ser bañado por este de forma sumisa y con resignación,  mis pupilas se dilataban, se abrían como un túnel oscuro  y confuso.
Ahora todo me resultaba difuso, no entendía nada. Me llovía los interrogantes. Sólo intuía que  mi mundo dejaría de ser como antes. Si Carlos no dejaba de repetir lo bonita que era, si en  su mirada notaba signos de admiración y amor, si reíamos con apetito como dos niños cuando estabamos juntos, sí sabía que no nos hacía falta ni hablar porque conocíamos nuestros pensamientos con sólo una mirada. Si aunque no éramos la pareja perfecta (pero ¿quién lo era? la convivencia trae desencuentros con ella, es inevitable que a veces no conectáramos, que pareciera que íbamos por caminos separados,) pero de una cosa estaba segura y era que  nos amábamos. Entonces ¿por qué me engañaba con  otra mujer? Bueno, mujer es un decir, porque la chica que vi desnuda en la cocina, cuando regresaba más temprano que de costumbre a nuestro apartamento, no debía de tener más de 20 años.
La mujer temperamental que me creía hasta entonces, no hallaba entender como de mi garganta había desaparecido cualquier ápice de sonido. Mis cuerdas vocales se quedaron bloqueadas como lo estaba yo. Únicamente sabía que  el  miedo se había venido  conmigo, me  perseguía y una vez alcanzada,  lo dejé  entrar, me  lo comí, para aplastarlo  con  mis  intestinos, hacer la  digestión y digerirlo hasta que sólo fuera heces, tiradas por la taza del retrete.

Veía tan patético a Carlos, tan asombrado por mi llegada,  que no tenía ni ganas de oír  sus ilusas explicaciones. Pero qué me iba a explicar, si ya no me serviría de nada lo que me dijera. Qué más daba, que intentara justificarse contando que la chica era su alumna y estaba pasando un mal momento...

Me sobresaltó el sonido ensordecedor del timbre. Aterricé, pisando tierra. Estaba en casa. Pero era evidente que  por poco tiempo. Antes de abrir esa puerta, quería despedirme de aquel funesto lugar al que no volvería a llamar jamás, hogar. Ya nada importaba, sólo lo habitaban muebles, cuadros, cortinas... ¿Cortinas? Juraría que en aquel ventanal antes había una liviana cortina blanca. A nosotros nos gustaba invitar siempre a la luz. Nosotros, cortinas, nada. No quedaba nada. La cortina ahora servía de vestido para aquella adolescente que yacía en el pavimento embaldosado. Siempre pretendí ser buena anfitriona y no dejaría  que aquella chica cruzara el umbral de la muerte, desnuda. Pero no lo haría sola. Aunque me pesara, se iría con él. Las dos habíamos ganado.
Había llegado la hora de marchar. Sonó de nuevo aquel desolador timbre. Como desolador era aquel lugar, ya inerte y frío. Me estabais llamando. Estaba preparada. Ahora sí.


 

08/02/2006 20:04 Autor: MaRioSe. #. Tema: Relatos Hay 37 comentarios.

01/12/2005

AMIGO-ENEMIGO.

20051202092301-libro2.jpg

Apareciste como una ráfaga y te vas silencioso, sin explicaciones. Te odio porque antes te quise. Pero eso es otra historia, antes era tan joven, tan bella, sentada en un sillón mullido de flores.

Ahora esas flores están marchitas. No, no me conoces, reflejas soledad, pero nunca supiste lo que pensaba. Sólo te has fijado en el exterior. Te quedas con el envoltorio, con sólo mi silueta, con la forma. Pero yo soy más que eso. A mí me gusta más el regalo que lleva dentro. No sólo el papel de colores con lindos lazos que lo envuelve. Un día fuiste mi amigo, pero hoy se fue el encanto.

Eres tan impenetrable y superficial... Tan sólo eres una pequeña luz en la oscuridad. No puedo aguantar tu silencio por más tiempo. Antes te daba tanta importancia...Pero a ver ¿quién eres tu? o mejor aún : ¿ Quién te crees que eres? Eres sólo uno más, con diferente marco. Todo es relativo, todo depende de la luz con la que mires. Pero te domé. Sí que lo hice. Tú en el fondo, no me conoces de nada, como para atreverte a insultarme. Tú que no tienes ni personalidad propia, que te dejas llevar por la primera que se te acerca, con la primera que ves pasar. Te veo, me ves, me dejo llevar y ya ni me quejo.

Te dí entrada a mi casa, en mi hogar, con mi familia, te puse en el mejor sitio. Ya sólo me acuerdo de ti como referencia, sólo por necesidad. Ya no brillas con luz propia. Eres todo lo opuesto a mí. Te veo tan...vacío. Siempre diciendo lo mismo.

Ya no te haré caso. Ya no me fijaré más en ti cuando te mire, ya me salí de ti, no me reflejas para nada. Sólo te veo como lo que eres, un simple y maldito espejo.

01/12/2005 00:01 Autor: MaRioSe. #. Tema: Relatos Hay 18 comentarios.

25/08/2005

MENTIRAS CONECTADAS

beijorostos.jpg(Por seguir en la misma línea de Entre líneas, como ya le prometí, con su relato "Amantes virtuales" y más tarde, e inspirado en él Onice nos deleita con “El encuentro” y sin dejar atrás a monocamy con “La citaI” traigo éste texto, recuperado del baúl de los recuerdos, que aunque no se parezca nada al estilo de los que nombré, si tienen en común el mundo de las relaciones cibernéticas. No hay una protagonista en especial, posiblemente haya miles. No ponerle nombre a la protagonista, al igual que yo no se lo puse, cuando lo escribí hace dos años, al poco tiempo de descubrir la locura de este mundo llamado: INTERNET)

No puedo resistir el dolor que me supondría que me dijera que no me quiere. Su rechazo, sería como si me sacaran las entrañas sin anestesia.

Lo noto, lo sé, se percibe en el aire, si sigo mi instinto, mis expectativas de enamorarlo, es comparable como que nuestro príncipe Felipe me llame al móvil, (eso sería alucinante, aunque me dijera, que se había equivocado) pero si me dieran a elegir, por su amor renunciaría a mi vida actual y todo lo que le rodea.

Pero soy una ingenua, siempre lo fui, los años no me sirvieron de mucho. Sigo tropezando y cayéndome con la misma piedra, sabiendo de antemano que sólo me utiliza para su beneficio y como sabe que por él soy capaz de lo que me pida, hace y deshace a su antojo. No espabilo, no.

Me huye, con sutileza, pero me huye. Me da pistas, pero las ignoro. Cuando me habla se me olvida todo, crece la esperanza, tiemblo, me emociono, pero tengo miedo, sé que esto es sólo un sueño. Quizás sabe que me hará daño y aguanta, espera, para tener un motivo creíble a donde agarrarse.

Ya pasó ese tiempo en que me llamaba, aunque pensándolo bien, quien llamaba siempre era yo. No recuerdo que él me llamara nunca. Ahora, ya no coge ni mis llamadas. Se escuda en el trabajo; está tan ocupado que no me regala ni cinco minutos. Con cinco minutos yo sería feliz, aunque sólo sea por Internet. Está conectado, lo veo, me ve, pero hay silencio.

El silencio me envuelve, me aprieta, me hace daño, se me clava en la garganta, me pincha. Miro al ordenador, esperando en vano. Me detiene la inercia. Es como si se parase las agujas de reloj de mi alma. Me arrastro, me arriesgo, le mando un beso por un emoticono y ni me contesta. Pienso: "está trabajando", quizás no pueda.

Mi mente pregunta, espera, calla. Recuerda cuando él la miraba tan dulcemente a los ojos, que hacía que los minutos se parasen por un instante. Su aroma, tan envolvente y sensual lo lleva consigo. Se compró su perfume, se acostumbró a su aroma, lo aspira y espera, en vano.

* * * * * * * *

Ella va descalza, sabe que hay cristales, pero sigue andado y esperando. Va a su encuentro, siente dolor, tiene esperanzas, puede que él quiera abrir una ventana o una puerta, y la deje entrar; quizás vuelva, piensa. Se engaña, lo sabe.

Es curioso, como las personas que más temen al rechazo, sean las más rechazadas, piensa. Piensa como su vida la ha rodeado de ausencias, que la propia ausencia es su vida. Pero sabe que es un linda mentira, que sólo tiene ojos para mirar hacía fuera. Que lleva toda su vida buscando a ése alguien que le falta, y se ha olvidado mirar dentro de sus bolsillos.

Es un ser libre, lleno de vida, de proyectos, de futuro, donde ella no entra. ¿Cómo va a entrar, si no son sólo kilómetros lo que les separan?

Llaman a la puerta. Apaga el ordenador. Es su marido.

* * * * * * *
25/08/2005 06:27 #. Tema: Relatos Hay 10 comentarios.

04/08/2005

ÁNIMO

hombre-escribiendo-3.jpgTomo notas, indistintamente, con un bolígrafo o con un lápiz colocados junto al ordenador, sobre un cuaderno escolar, de rayas. Al lápiz hay que sacarle punta de vez en cuando, lo que constituye una actividad artesanal que sirve también para la reflexión. Pero la diferencia más notable entre él y el bolígrafo es su modo de perecer.

El bolígrafo no cambia de apariencia ni siquiera cuando se encuentra en las últimas. Y deja un cadáver tan curioso que nadie diría que está muerto si no fuera porque no pinta nada ya, aunque resucite a veces de improviso y trace un par de líneas, incluso un párrafo, antes de volver a expirar. La gente se resiste a desprenderse de los bolígrafos vacíos porque continúan como nuevos. Sólo se consumen por dentro, en fin, y siempre se acaban a traición, como el butano. El lápiz, en cambio, agoniza por dentro y por fuera a la vez, y deja un cadáver mínimo, un detrito del que uno se deshace sin ningún sentimiento de culpa. Punto y aparte.

La naturaleza presenta casos semejantes al del bolígrafo. Ahí está el caracol, que envejece sin una sola arruga exterior, sin un fruncido. Y no hay que sacarle punta cada poco: él mismo, mientras vive, asoma los cuernos al sol, caracol quiscol, y una vez muerto, si te encuentras la concha en un tiesto o en el agujero de un árbol, la guardas en el bolsillo y al llegar a casa la colocas junto a los bolígrafos difuntos. Tenemos una pasión curiosa por la cáscara, de ahí la afición a las cajas, sobre todo a las cajas fuertes. Hay personas que coleccionan pastilleros vacíos, que viene a ser lo mismo que guardar bolígrafos sin tinta, con los que sólo se pueden escribir poemas inexistentes, que muchas veces son los mejores.

Pese a todo, tal vez sea más digna la actitud existencial del lápiz que la del bolígrafo, la de la babosa que la del caracol, aunque no dejen cáscara para los arqueólogos. Conviene sacarse punta cada mañana, pese al espanto de ver cómo se agota uno. Lo complicado de sacarse punta es saber cuánto te tienes que afilar para escribir lo suficientemente claro sin romperte antes de que hayas acabado la novela o la vida. Pero eso constituye un ejercicio de conciencia, y quizá de consciencia, bastante saludable.
Ánimo.

(Juan José Millás)
04/08/2005 17:24 #. Tema: Relatos Hay 4 comentarios.

02/08/2005

UN FIAMBRE EN MI CAMA.

yace.jpg- Andrea, ¿Quieres hacer el favor de coger el teléfono? Pero... si hoy librabas. Llevo todo el día llamándote, ¿estás?... y el móvil, como siempre, está apagado o fuera de cobertura... ¡Andrea!...en cuanto oigas el mensaje me llamas. Si estás con el tipo ese que ibas a salir ayer, me alegro, pero mándame al menos un mensaje diciendo que estás bien.

Ya empezaba a preocuparse por su amiga y compañera de piso. No era normal en ella, ya que siempre que tenía alguna aventura, le faltaba tiempo para llamarla y contarle lo maravilloso y fantástico que era su nueva conquista, aunque días después tuviera que consolar a su amiga, una vez más, hecho que tenía asumido no obstante, porque o bien la había dejado el chico en cuestión, o era ella quien daba por terminada la relación, al comprobar que era un cretino o que estaba casado.

Anoche se acostó temprano, ni siquiera la oyó llegar y ... ¿Si no regresó? Ahora que lo pensaba, tampoco se dio cuenta esta mañana, ya que salió volando hacía la reunión de la oficina, en la que no se podía permitir llegar tarde.

* * * * *

¡Por fin! Otra jornada consumida y apurada hasta el fondo, sin ganas, y a la vez sin remedio, como si se tratara de una medicina con prospecto y receta medica. Tomada sin cuchara, amargándole igualmente. Quién le iba a decir a ella que le iba a costar tanto ambientarse en aquella auditoría. Todos sus compañeros y compañeras, parecían tan felices, enterrados entre cuentas y números, con esas sonrisas dibujadas en sus boquitas tan hipócritas, con la misma mirada lasciva que tanto le sonaba por parte de ellos y ellas tan desconfiadas, tan cómplices entre sí, como si fueran leonas defendiendo a su manada.

Azucena Flores pensaba en todo esto, mientras bajaba el ascensor de las oficinas centrales donde había entregado los últimos expedientes del día. En esto y en quitarse esos malditos tacones rojos que se había puesto hoy para ir al despacho de su jefe. Su traje era tan gris oscuro como su corazón en aquellos instantes pero de ninguna manera quería parecerlo. Así que se colocó aquellos maravillosos zapatos (maravillosos en el escaparate, no en sus pies doloridos, claro) y lo acompañó de un pequeño bolso, por supuesto de un color rojo intenso, como intensas e interminables le parecían las horas desde que se subió a sus fantásticos tacones, esa misma mañana; ahora tan lejana para ella. Así que se descalzó siéndole indiferente que en el ascensor estuviera acompañada de una pareja, muy ocupada en regalarse miradas cómplices, por cierto. Seguro que no repararían en ella.

¡Ohhhh! ¡Qué placer Dios mío! No quería llegar a la planta cero y volverse a calzarse. No, lo que quería es poder ser lanzada desde el ascensor a su mullida cama, que la estaría esperando y echado de menos, como si de una novia se tratara, en su nuevo apartamento alquilado.

Buscó un banco cercano, donde sentarse, se descalzó nuevamente, para poder hacerse un ligero masaje en sus pies doloridos, mientras llamaba desde su móvil a un taxi. No tenía ganas de dar un paso más. Sólo soñaba en poder llegar a su piso pronto, sumergirse en un baño relajante, meterse en la cama y leer un rato hasta quedarse dormida.

- Aquí está bien. Déjeme aquí mismo, por favor. Dígame ¿cuánto le debo?

Se bajó del taxi que la dejó casi justo en la entrada del bloque de viviendas, donde Azu vivía desde que la trasladaron a la capital, hacía solo dos meses, por petición propia, alegando asuntos personales, (huyendo en el fondo de su ex pareja, un insoportable, egocéntrico e insufrible que le estaba haciendo la vida imposible, persiguiéndola por toda Sevilla a ella y a todos los que se le acercaran). Casi le había dejado el taxista en su puerta, ya que justo cerrando la entrada, estaba aparcada una ambulancia y un coche de policía.

El bloque estaba lleno de curiosos. Vecinos que a su paso la miraban de forma extraña, no había pasado ni el rellano de la planta baja, cuando advirtió como todos los ojos de los presentes se clavaban en ella; o se lo estaba imaginando o la vecina del 3ºC le devolvía la mirada con ojos llenos de... pena ¿Por qué? ¿Qué demonios estaba ocurriendo?

- Señorita, no puede usted pasar, haga usted el favor de salirse fuera.
- ¿Cómo que fuera? Vivo aquí. ¿Qué está pasando? Que alguien me lo explique, por favor.
- Sí agente, ella es una de las del 4ºA (doña Casimira Usera, miraba al policía con complicidad y haciendo gestos con el cuello, como si de una de flecha se tratara y abriendo los ojos como si se le fueran a salir de sus órbitas).

- Acompáñeme, por favor, la llevaré junto al inspector.

- ¿El inspector? ¿Qué diantre está pasando? ¿Alguien me lo puede explicar?

- Suba usted a su apartamento, allí se lo podrán explicar mejor.

- Pero contésteme por favor, Andrea, mi compañera de piso, ¿está bien?

- Lo siento, no puedo ayudarle, mi compañero se lo explicará todo.

Estaba visto que aquel policía no estaba dispuesto a soltar prenda, así que prefirió callar e intentar relajarse. No quería pensar, intuía que algo horrible había pasado. Respiraría, se concentraría en llenar sus pulmones, pero ¿cómo se hacía? Necesitaba beber algo. Le costaba respirar. Un whisky le vendría que ni anillo al dedo. No, mejor agua, ya prácticamente se podía decir que no bebía. Lo dejó al trasladarse a Madrid. Como dejó su pasado. Atrás.

Su puerta estaba... ¿abierta? Qué demonios estaba pasando. Todo esto olía mal, como su apartamento al entrar. ¡Dios mío! ¿Con qué derecho esas personas estaban curioseando allí dentro, poniendo la casa toda revuelta sin ningún miramiento? Y.. ¿Dónde estaba Andrea?

Se fue directamente a la habitación de Andrea. Algo le decía que cuando entrara dentro todas sus dudas se disiparían.

Abrió la boca con miedo y asombro, tapándosela con la mano. No podía hablar, su garganta no le respondía. ¿Quién era ese hombre que estaba totalmente desnudo encima de la cama?
02/08/2005 18:53 #. Tema: Relatos Hay 13 comentarios.

29/06/2005

ALAS DE MARIPOSAS DORADAS. (3ª parte)

piernas6.jpgComenzó a caminar descalza por el pasillo, se puso una camiseta de él que encontró tirada en una silla. Olía a tabaco mezclado con su perfume tan sensual y varonil.

Se asomó al dormitorio. Bruno dormía como un niño, abrazado a su almohada, de espalda, completamente desnudo. Tenía ganas de curiosear, pero a la vez tenía miedo, no quería entrometerse en su vida y que la envolviera de tal manera que no quisiera marcharse. Mejor sin ataduras, eso era mucho mejor. Sin preguntas, sin respuestas.

Un gran cuadro presidía el salón, era de una mujer bellísima desnuda, parecía antiguo, como si siempre hubiera estado allí. Quién sería ella. No, no haría preguntas.

Había una gran librería, pero con pocos libros, solo algunas enciclopedias y pequeños marcos llenos de fotografías. Una parecía Bruno de niño, con melena rubia, parecía un ángel. Aunque algo había en él, que no le cuadraba, intuía algo oscuro, en su pasado. No sabía la razón, pero ella siempre había tenido mucha intuición, con las personas.

Había un libro que le llamó la atención estaba todavía envuelto en plástico, encima del televisor, y su autor era:
“Bruno Montoya Moura”. Era su libro, algo le había comentado, pero ¡estaba publicado!, eso era fantástico, por fin había tenido el coraje suficiente de publicarlo. En el suelo detrás de un sofá había una caja llena de libros iguales, todos llevaban el mismo título “Alas de mariposa doradas “.

- Pero cielito, ¿qué haces levantada?, Vente conmigo a la cama, anda ven. - le decía cogiéndole de la mano.

- No, tengo mucha calor, tráeme un vaso de agua ¿quieres? - le contestó cogiendo un libro de la caja y sentándose en el sofá.

- Claro, perdóname, soy un malísimo anfitrión. ¡Vaya!, Descubriste mi sorpresa, quería habértelo comentado. - Le respondió desde la cocina.

_ ¡Oooooh! Es fantástico, ven cielo, vamos a celebrarlo.- dejando caer el libro en el sofá, se abalanzó sobre él, pegando un salto lo rodeó con sus piernas notando su cálida desnudez, buscó su boca, su lengua. Bruno dejó la jarra de agua helada en una mesa cercana, para dejar sus manos libres y sujetarla mejor, acariciándole su culo, aprentándola contra sí. Se dejó caer en el sofá, sin soltarla sin apartar sus labios de los de ella;

- Dame agua, necesito refrescarme, pero dámela tú , mis manos están...ocupadas.- Le dijo sonriente Marta, con mirada pícara.

- Veo que eres muy... mala, pero yo soy aún más, abre tu sedienta boca- Marta obedeció, sintiendo como el agua se le derramaba por toda la cara e iba bajando por la camiseta, dejándosela pegadita a sus senos, ahora duros al tacto del agua fría, Bruno metió los dedos en la jarra y sacó un terrón de hielo, los posó en sus labios y luego se los lamió como si fuera un gatito, luego fue bajando el hielo, dando un ligero paseo por su piel, haciendo círculos por sus pechos, Bruno movió deliberadamente su boca contra un pezón erguido de Marta y seguidamente haciendo lo mismo con el otro. La miró con deseo, hundiendo su mano en su cabello, acercó los labios a su boca y la besó con ternura.

- .Anda, para un poco cielo eres una fiera en celo, vamos a descansar, un rato, ¿vale? Estoy algo agotada del viaje. ¿Porqué no me lees un poco quiero oír tu voz acariciando las palabras de tu libro. - En los ojos de Bruno bailaba la risa, se sentía a gusto con esa mujer, podía hasta enamorarse de ella, era ¡tan fácil!, Gracias a Dios que se marcharía pronto, no le hacía falta ahora complicarse más la vida. No quería mover ficha.

-¿Quieres que te lea? - le preguntó algo extrañado mirándole a los ojos.

- Sí, mi vida, hazlo por favor, deléitame un poquito,- Marta , apoyó su cabeza en su hombro, invitándolo a que empezara, se entretuvo en el espeso vello de su pecho , se sentía como una niña a la que le van a contar un cuento, estaba feliz , tranquila, cansada.

- Me parece muy bien tesoro, así podrás presumir que el propio autor, de primera mano, - acariciando su culo mientras hablaba, - te relató su novela y tendrás un bonito recuerdo cuando la vuelvas a leer, recordando mi voz grave y aterciopelada.

- Deja de presumir y empieza de una vez - Marta lo miró divertida, lo besó en la mejilla y esperó a que empezara a leer.

- Esta bien, esta bien mi chiquilla, empezaré- Bruno cogió su libro, abrió la primera página y empezó a leer su novela, observando como Marta luchaba por mantener sus ojos abiertos, pero la lucha fue en vano ya que notaba como le pesaban sus párpados y como se dejaba arrastrar por un profundo sueño. Dejó el libro a un lado, la levantó en brazos y la dejó caer en su cama. Le parecía tan chiquitina, tan delicada, que le pareció una mariposa de alas doradas.

FIN.... (de momento)
29/06/2005 00:44 #. Tema: Relatos Hay 5 comentarios.

27/06/2005

ALAS DE MARIPOSAS DORADAS. (2ª parte)

ella.jpgRegresó desnudo con una jarra fría de agua sin vaso y le dio de beber como a un cachorrillo abandonado.

El agua le chorreaba por la camiseta de tirantes mimetizada, como la de los soldados. Marta hoy se sentía una soldadita lista para la batalla, pero algo pudorosa ya que no quiso quitársela, no se sentía segura de nada, no quería pensar, ya habría tiempo de pensar, fuera la conciencia, deja que estos dos amantes se fundan en uno, déjale que ella disfrute ese momento con el amor de su vida, aunque todavía no lo sepa, todavía no se daba cuenta de nada.

Solo lo miraba, lo observaba, su pelo, era...tan velludo y a ella le encantaba; pero... ¿Cómo había cambiado tanto? Si creía que solo le gustaban depiladitos, como actualmente se llevaban ahora, pero el amor vuelve lo blanco negro y todo se confunde inexplicablemente todo en él le atraía, si se lo hubiera cruzado por la calle seguro que ni había reparado en él, bueno si no la fuera regalado con su traviesa mirada, porque la primera vez que lo hizo todo cambió para ella pero estaba ciega, como el amor que siempre es ciego. Se dejaba llevar por sus instintos por sus sentidos más primarios.

Bruno dejó la jarra en el suelo y le quitó la camiseta a su amada. Ahora sí, ahora ya estaban verdaderamente desnudos. Ella lo atrajo hacia si, quería taparse, pero él la miró a los ojos y entonces todo se le olvidó, ya no sabía quien era ni como demonios estaba allí, tan lejos de su hogar. Quería ser como él, admiraba a los hombres en eso, sabían vivir el momento sin analizarlo todo como ella estaba haciendo en ese justo momento, así no había manera de disfrutar, entonces lo besó con mas furia, se entretuvo en su boca, hasta que Bruno quiso probar sus hermosos pezones, y entonces los recorrió con su lengua haciendo círculos, y estos estaban deseosos de ser macerados por las manos que los poseían.

Marta sentía que se iba a desmayar de placer y por ese calor tan sofocante...
¿Quién dijo que en Madrid no hacía tanto calor? Empezó a acariciar su pene, tenía que agarrarse a algo y era lo más duro que encontró mientras gemía de placer.

Era el pene más bello que había visto jamás, (¿los penes son bellos? Ahora sí que deliraba) Era grueso , el mas largo que había tenido entre manos. Pensándolo bien, no había tenido a muchos, podía contarlos con los dedos de una mano,pero.. no con la mano que ahora acariciaba ese bellísimo pene, ahora estaba ocupada en otros menesteres, más gratificante que contar amantes. ¿Quién se acordaba de ellos si El Amante en persona la estaba poseyendo?

Deseaba metérselo en la boca y eso se dispuso hacer al no ver ninguna objeción de su amante, que muy al contrario le regaló con una sonrisa cómplice; y como si de un helado se tratara empezó a chupar con verdadero frenesí. Bruno cogió el móvil y lejos de llamar a nadie se dispuso a hacerle fotos en esa postura.

Ella le apartó el móvil y lo guío en la batalla final, le enseñó el camino y sin desmayo, lentamente, muy lentamente, subía por el camino que había bajado, sin desviar su rumbo.

Estaban exhaustos, doloridos, se sentaron en la cama apoyándose en la pared. Bruno le ofreció un cigarro para que se lo encendiera, le gustaba hacerlo aunque ella no fumaba, pero le excitaba como lo encendía y aspiraba el humo. Sabía fuerte como él. El aroma del cigarro impregnaba la habitación. Marta se lo devolvió. Estaban callados mirándose sin decirse nada y a la vez se lo decían todo.

Ella fue al baño a refrescarse, se miró al espejo, estaba bonita, despeinada pero radiante tendría que retocar el carmín pero no quería que pensara que era demasiado coqueta. Miró su reflejo en el espejo, su cuerpo estaba duro pero hacía meses que no pasaba por el gimnasio, quizás volvería a ir, no quería descuidarse y le gustaba sentirse ágil y descargar toda esa adrenalina acumulada durante el día...

(Seguirá, si quieres, claro)
27/06/2005 21:34 #. Tema: Relatos Hay 6 comentarios.

Alas de Mariposa doradas. (1ªParte)

accr.jpgCasi no se conocían, no jugaban entre ellos como una pareja convencional, apoyada en normas tan explícitas que podrían ser escritas si cualquiera se lo propusiera.

Allí estaba ella, en su dormitorio, todo le parecía extraño, lejano, lo que tanto había soñado, ahora dejaría de ser eso, un sueño. Pero todavía estaba flotando cuando la abrazó por detrás,cuando sintió su lengua que le recorría su cuello, tenía la carne de gallina y el alma se le salía; quería volar y observarlos desde arriba para retenerlo en su retina para siempre.

Entre besos notó que ya no estaba en pie. Notaba sus sabanas, se movía inquieta en su cama, era su cama y ahora ella absorbía todos sus aromas.Sabanas que se volvieron húmedas de amor,la humedad de sus cuerpos, que los arrastraba, que los invitaba a perderse en el mismo infierno.

Su boca dulce le recorría suavemente su piel ardiente; sentía sus dedos largos y fuertes que enredaba en su pelo, ahora alborotado, mojado; sus piernas se mezclaban en un revoltijo de carne, alma y fuego. Ella se agarró a la ropa de la cama, al aire que le sustentaba, se agarro a él, para no desvanecerse poco a poco, convertida en un río de emociones y lágrimas que se escurrían por las rendijas de su realidad.

Ahora lo notaba cerca, sabía que nunca más lo iba a tener así, respirando a la par. No hablaban, no necesitan palabras, tenían su propio lenguaje, el de las miradas, el de los jadeos, el sonido de los cuerpos sudorosos; ella estaba tan feliz, no quería terminar solo hacían el amor, como una pareja cualquiera.

"El amor, sólo hacían el amor, como una pareja cualquiera"... ¿Cualquiera? ¡Ojalá! Pensó ella.

Se oía el sonido de un viejo ventilador, hacía tanta calor, que parecía de adorno, tenía mucha sed; él tuvo que imaginarlo porque dejó sus embestidas, salió de su cuerpo y la dejó sola en aquel cuarto lleno de libros, con su mesa de ordenador, su equipo de música; su pequeño mundo en el que ella sabía perfectamente que no entraba, quería quedarse allí como un cuadro más, observándolo absorbiendo su vida.

Regresó desnudo con una jarra fría de agua sin vaso y le dio de beber como a un cachorrillo abandonado...

(...Seguirá...)
27/06/2005 00:16 #. Tema: Relatos Hay 5 comentarios.

23/06/2005

AMIGO-ENEMIGO

espejoo.jpgAMIGO- ENEMIGO.

Apareciste como una ráfaga y te vas silencioso, sin explicaciones. Te odio porque antes te quise. Pero eso es otra historia, antes era tan joven, tan bella, sentada en un sillón mullido de flores.

Ahora esas flores están marchitas. No, no me conoces, reflejas soledad, pero nunca supiste lo que pensaba. Sólo te has fijado en el exterior. Te quedas con el envoltorio, con sólo mi silueta, con la forma. Pero yo soy más que eso. A mí me gusta más el regalo que lleva dentro. No sólo el papel de colores con lindos lazos que lo envuelve. Un día fuiste mi amigo, pero hoy se fue el encanto.

Eres tan impenetrable y superficial... Tan sólo eres una pequeña luz en la oscuridad. No puedo aguantar tu silencio por más tiempo. Antes te daba tanta importancia...Pero a ver ¿quién eres tu? o mejor aún ¿quién te crees que eres? Eres sólo uno más, con diferente marco. Todo es relativo, todo depende de la luz con la que mires. Pero te domé. Sí que lo hice. Tú en el fondo, no me conoces de nada, como para atreverte a insultarme. Tú que no tienes ni personalidad propia, que te dejas llevar por la primera que se te acerca, con la primera que ves pasar. Te veo, me ves, me dejo llevar y ya ni me quejo.

Te dí entrada a mi casa, en mi hogar, con mi familia, te puse en el mejor sitio. Ya sólo me acuerdo de ti como referencia, sólo por necesidad. Ya no brillas con luz propia. Eres todo lo opuesto a mí. Te veo tan...vacío. Siempre diciendo lo mismo.

Ya no te haré caso. Ya no me fijaré más en ti cuando te mire, ya me salí de ti, no me reflejas para nada. Sólo te veo como lo que eres:
Un simple y maldito espejo.
23/06/2005 21:34 #. Tema: Relatos Hay 7 comentarios.

12/06/2005

EL DUENDE DEL PIANO.

8061531_6368.jpgEl juego consiste en utilizar algunas palabras y añadirlas en el contexto de una historia, no sobrepasando las 400 palabras (hecho que "casi" cumplo). Ésta semana tocaba:Anticuario, Algoritmo, Dogma, Duende, Privilegio. Así me salió:

Cuentan que hace mucho tiempo, un experto anticuario recorría las campiñas gallegas en busca de muebles antiguos arrinconados en desvanes, cobertizos, de granjas o haciendas donde tenía la esperanza de hallar piezas meritorias y comprarlas a bajos precios, aprovechando la ignorancia de los paisanos desconocedores de su valor real.

Algo cansado por vagar sin éxito durante días sin conseguir nada de valor, sino trastos viejos que no le ayudaban ni por asomo a cumplir sus cuentas en su algoritmo mensual que le permitiera encontrar alguna pieza importante y hacer el negocio de su vida, se sentó a descansar en un banco de la entrada de un caserío esperando que alguien lo recibiera.

Un hombre con la mirada perdida lo recibió como si lo estuviera esperando y al presentarse y explicar el motivo de su trajinar, lo llevó hacía el umbral del cobertizo de aquel lugar, indicándole que si quería un piano que poseía aceptaría lo que viera oportuno.

Cuando el anticuario extrañado quiso preguntarle la razón de su desapego a una pieza tan valiosa advirtiéndole aquel, que no le ayudaría a retirarlo bajo ningún concepto y si le interesaba la pieza debería de convencer a los lugareños para que lo ayudaran a sacarlo, le sorprendió la historia que el campesino asustado le contó:

Aseguraba que aquel piano poseía un misterioso sortilegio y tocaba largas piezas solo, sin que ninguna mano humana lo tocara. Que su vieja mujer no había levantado cabeza desde que un día, alentada por un extraño ruido que desde el cobertizo provenía, quiso acallar a su curiosidad y se acercó sigilosa tras la puerta entreabriéndola levemente.

Aseguraba que había tenido el privilegio de entrever, bailando encima del piano, a un pequeño ser, no hallando la forma de describirlo pues no era ni hombre, ni enano, ni niño con un par de ojos oscuros, grandes e inquietantes, que brillaban como un cristal en las penumbras como un duende de unos 30 cm. Con ropajes singulares, un gran sombrero que le tapaba parte de su rostro y dientes agudos convirtiéndolo en su ser aparentemente malévolo, rompiéndole en añicos cualquier dogma de fe cuando al percibir su llegada, el piano cesó su musica y aquel extraño duendecillo le clavó su mirada cínica y maligna, despertando en ella un terror hasta ahora desconocido, como si le hubiera clavado un puñal provocándole una rápida huida tan veloz, como las piernas le procuraban y creyendo que el singular personaje iba tras ella en un encarnizado trayecto, hasta que como pudo se encerró en su hacienda, no queriendo jamás salir sola del umbral de la puerta, sin encontrar ninguna explicación a todo lo acontecido aquel sorprendente día.
12/06/2005 14:46 #. Tema: Relatos Hay 7 comentarios.

25/05/2005

LLEGADA INESPERADA.

228.jpgCon mi rostro reflejándose en el espejo, intentaba verme más allá de lo que solía hacer. De forma mecánica, me maquillaba como si se tratara de un simple ritual diario. Vestía mi cara con maquillaje como si me calzara los tacones o el cinturón de mi pantalón. Un paso más hacía el mundo exterior. Lista para lo que hiciera falta, con la sensación en mi estomago de tirarme desde de un paracaídas.

Mientras mis pestañas se acercaban al pincel de rímel, para ser bañado por este de forma sumisa y con resignación, mis pupilas se dilataban, se abrían como un túnel oscuro y confuso.

Ahora todo me resultaba difuso, no entendía nada. Me llovía los interrogantes. Sólo sabía que ya las cosas dejarían de ser como antes. Si Carlos no dejaba de repetir lo bonita que era, si en su mirada notaba signos de admiración y amor, si reíamos con apetito como dos niños cuando estabamos juntos, sí sabía que no nos hacía falta ni hablar porque conocíamos nuestros pensamientos con sólo una mirada. Si aunque no éramos la pareja perfecta (pero ¿quién lo era? la convivencia trae desencuentros con ella, es inevitable que a veces no conectáramos, que pareciera que íbamos por caminos separados, ) pero de una cosa estaba segura y era que nos amábamos. Entonces ¿por qué me engañaba con otra mujer?. Bueno, mujer es un decir, porque la chica que vi desnuda en la cocina, cuando regresaba más temprano que de costumbre a nuestro apartamento, no debía de tener más de 20 años.

Siempre me había considerado una mujer temperamental, pero en aquellos instantes, no me reconocía, ni tan siquiera entendía, como de mi garganta había desaparecido cualquier sonido. Mis cuerdas vocales se quedaron bloqueadas como lo estaba yo. Sólo sabía que el miedo se había venido conmigo, me perseguía, aunque lo dejé entrar, me lo comí, para aplastarlo con mis intestinos, hacer la digestión y digerirlo hasta que sólo fuera heces, tiradas por la taza del retrete.

Veía tan patético a Carlos, tan asombrado por mi llegada, que no tenía ni ganas de oír sus ilusas explicaciones. Pero qué me iba a explicar, si ya no me serviría de nada lo que me dijera. Qué más daba, que intentara justificarse contando que la chica era su alumna y estaba pasando un mal momento...

Me sobresaltó el sonido ensordecedor del timbre. Aterricé, pisando tierra. Estaba en casa. Pero era evidente que por poco tiempo. Antes de abrir esa puerta, quería despedirme de aquel funesto lugar al que no volvería a llamar jamás, hogar. Ya nada importaba, sólo lo habitaban muebles, cuadros, cortinas... ¿Cortinas? Juraría que en aquel ventanal antes había una liviana cortina blanca. A nosotros nos gustaba invitar siempre a la luz. Nosotros, cortinas, nada. No quedaba nada. La cortina ahora servía de vestido para aquella adolescente que yacía en el pavimento embaldosado. Siempre pretendí ser buena anfitriona y no dejaría ahora que aquella chica cruzara el umbral de la muerte, desnuda. Pero no lo haría sola. Aunque me pesara, se iría con él. Las dos habíamos ganado.

Había llegado la hora de marchar. Sonó de nuevo aquel desolador timbre. Como desolador era aquel lugar ya inerte y frío. Me estabais llamando. Estaba preparada. Ahora sí.
25/05/2005 07:07 #. Tema: Relatos Hay 11 comentarios.


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